Herberth Cuba García

Médico – Analista en temas de Salud

HERBERTH CUBA GARCÍA
Artículos

Día de la medicina, relativismo moral y el sacrificio de Carrión


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Un héroe nacional no puede conmemorarse cualquier día

La Ley número 29799, promulgada el 29 de octubre de 2011, reconoce a Daniel Alcides Carrión García como héroe nacional, mártir y maestro de la medicina peruana, y establece el 5 de octubre de cada año como el Día de la Medicina Peruana, en conmemoración de la fecha de su fallecimiento. Además, dispone que los colegios profesionales y las instituciones públicas y privadas vinculadas a la educación, la salud y la medicina realicen actividades conmemorativas en esa fecha.

Sin embargo, por segundo año consecutivo, bajo la actual gestión, el Colegio Médico del Perú ha desplazado su ceremonia central. En 2025 la realizó el 3 de octubre. En 2026 la programó para el 6 de octubre. Mientras tanto, la Facultad de Medicina San Fernando de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, el Hospital Nacional Dos de Mayo y el Congreso de la República han mantenido la fecha que fija la ley. En esa secuencia de conmemoraciones se ha producido el vacío de la noche del 5 de octubre, que tradicionalmente ha sido reservada para el acto solemne del gremio médico, que, por lo demás, es considerada la ceremonia central.

Daniel Alcides Carrión, el héroe, el mártir y el maestro, murió el 5 de octubre de 1885 a la edad de 28 años, después de cuarenta días de sufrimiento. Cada título, sea como héroe, o como mártir o maestro, tiene una justificación basada en hechos y hasta con la entrega de su propia vida. Es un mártir porque ofrendó su vida de forma consciente al inocularse sangre verrucosa; héroe porque su sacrificio tuvo una dimensión patriótica en el contexto de la Guerra del Pacífico, y maestro por la trascendencia ética y científica de su acto para las siguientes generaciones médicas. Estos títulos son significados estables, objetivos y universalmente válidos. Por eso, son el fundamento mismo del Día de la Medicina Peruana y el motivo del respeto que la profesión médica le dispensa.

La ceremonia central de conmemoración no es un detalle anecdótico, ni un tema de agenda que pueda acomodarse para asegurar la asistencia de público o de autoridades, o de espectáculos artísticos, o para resaltar la figura de algún directivo de la profesión médica, u otras tantas justificaciones. Desplazar su ceremonia central a otra fecha que no sea el día 5 de octubre es un mensaje que relativiza su importancia y su legado, y que pone en evidencia el relativismo institucional y moral.

En primer lugar, la Ley 29799 señala la fecha del 5 de octubre con precisión, que corresponde a los hechos, pero se interpreta con flexibilidad cuando resulta conveniente, porque el héroe, el mártir y el maestro merecen homenaje; sin embargo, según los directivos del Colegio Médico del Perú, no es obligatorio que se realice el día exacto en que entregó su vida. Otras instituciones, en cambio, acatan la ley y respetan la fecha. En lugar de que la conmemoración sea un acto de ratificación de la vocación médica, de compromiso y respeto por la historia de la profesión y del país, se ha convertido en un evento de gestión institucional.

En segundo lugar, el relativismo moral, tan en boga, ha convertido los estándares morales en puntos de vista particulares en el tiempo. Existe el riesgo de que los conceptos de héroe, mártir y maestro se conviertan en construcciones contingentes en la historia. Eso implica que el relativismo moral impide juzgar a figuras del pasado con estándares actuales y fijar un significado único y definitivo para Carrión, porque cada época construye “su propio Carrión” según sus necesidades. El riesgo del relativismo moral es que conmemorar el Día de la Medicina con la invocación a Carrión no es recordar un significado, sino producirlo mediante un proceso atravesado por intereses políticos, institucionales y nacionales, entre otros.

En esa línea del relativismo moral, se podría vaciar el contenido de mártir, al reducir el acto a una atribución póstuma de una élite médica que necesitaba un símbolo. O que el héroe haya sido propaganda, ya que su gesto ocurrió en pleno despliegue de la Guerra del Pacífico, donde médicos chilenos investigaban la verruga peruana. Y el maestro quedaría sin consecuencia, porque su historia clínica, escrita por él mismo hasta el 26 de septiembre de 1885, permitió que futuros médicos corroboraran que la fiebre de La Oroya y la verruga peruana eran dos fases de una misma enfermedad. Si el significado es relativo, la conmemoración queda en ceremonia hueca y se pierde la exigencia del comportamiento que se necesita para la investigación y la vocación de servicio. A pesar de todo, reconocer que el “héroe” es una construcción no equivale a decir que el gesto de Carrión fue moralmente vacío. Equivale a decir que su significado es disputable, y que disputarlo es precisamente lo que mantiene viva su relevancia.

En tercer lugar, conmemorar a Daniel Alcides Carrión mediante una ceremonia es un acto de memoria colectiva. Como señala Hannah Arendt: “La memoria y la profundidad son lo mismo, o mejor aún, el hombre no puede lograr la profundidad si no es a través del recuerdo”. Los rituales de conmemoración presentan valores y formas de organización social, que dejan de ser impuestos mediante el poder para convertirse en naturales y necesarios en la población. En el caso de la conmemoración a Carrión, se transmite el ideal de conducta médica, el modelo de sacrificio y el ideal explicativo sobre el rol del médico para la población en general. El relativismo moral desactiva el ritual de la conmemoración: destruye sin colocar nada a cambio, o deja el espacio libre para que ingrese y se imponga otro ritual ajeno e incluso contrario a las necesidades del país. La relativización de la importancia de Carrión, transformado casi en un trámite de gestión, es un síntoma de esa corriente ideológica.

En cuarto lugar, si bien es cierto que la conmemoración no se agota en un solo acto, porque durante el mes de octubre se desarrollan romerías, mensajes institucionales y actos académicos, también es cierto que el acto central es el de mayor visibilidad, convocatoria y simbolismo ritual. Las actividades complementarias no sustituyen la ceremonia principal. Además, el hecho de que, en la misma gestión del Colegio Médico del Perú, se haya desplazado la fecha de la ceremonia central tanto en 2025 como en 2026 deja de ser una excepción para convertirse en un patrón, más aún cuando la ley precisa la fecha y otras instituciones la han respetado.

En quinto lugar, el resultado es que el símbolo se debilita exactamente cuando más se necesita que permanezca firme: en momentos en que la bioética pretende reemplazar a la ética médica. La bioética, en su versión más difundida, es una corriente utilitarista y procedimental. Trabaja con criterios de costo-beneficio y resuelve los dilemas mediante protocolos, actas y consensos. En la práctica, suele presentar la escasez de recursos como un hecho natural y no como una decisión política que convierte la asignación de camas, respiradores o tratamientos en una decisión “técnica”. Así, legitima la exclusión mediante el triaje, la muerte digna o el “no candidato”, que se presentan como resultados neutros de un cálculo técnico. Su carácter burocrático la lleva a producir documentos y comités antes que a acompañar a las personas. Administra el proceso de morir sin preguntar por las condiciones que lo producen. Además, sustituye la responsabilidad individual por el procedimiento, con la frase: “lo decidió el comité”. En suma, es una ética de gestión que decide quién accede y quién no, sin que nadie aparezca como responsable de esa decisión.

En sexto lugar, la ética médica se alza sobre el principio “primum non nocere” (primero no dañar o no hacer daño). A este principio le siguen, en prelación estricta, la beneficencia, la justicia, la autonomía del paciente y la libertad del médico. El orden de prelación es crucial, porque si no se demuestra que no se daña, ninguna intervención puede justificarse. Ese principio rige la clínica, la investigación, la inteligencia artificial (IA) y la política general. Es un principio deontológico, no procedimental, y es un límite infranqueable frente a toda gestión.

Mientras el Colegio Médico del Perú siga desplazando su ceremonia central, estará enviando el mensaje de que el 5 de octubre es importante, pero no lo suficiente. Y ese mensaje, frente a un héroe, un mártir y un maestro, resulta perjudicial, porque redunda en la ética, la moral y el ejercicio de la profesión médica, así como en la credibilidad y la confianza de la profesión ante la opinión pública. ¡Ética médica con Carrión!

Por Herberth Cuba

 

Publicado en: El montonero

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Médico. Analista en temas de Salud.